La cápsula tripulada Orión de la misión Artemis II cerró este viernes 10 de abril su viaje alrededor de la Luna con un amerizaje exitoso en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, California, en una maniobra que devolvió a la NASA a los vuelos tripulados de entorno lunar por primera vez en más de medio siglo.
El descenso se produjo a las 8:07 de la noche, hora del este de Estados Unidos, luego de la fase más delicada de toda la misión: la reentrada atmosférica. La agencia espacial confirmó que la nave completó un amerizaje asistido por paracaídas dentro del área prevista de recuperación, sin incidentes reportados durante la maniobra final.
A bordo viajaban los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes completaron una travesía de casi diez días alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra. La misión marcó el primer vuelo humano en las cercanías del satélite desde el programa Apolo y supuso un nuevo paso en la estrategia lunar de Estados Unidos.
La reentrada exigió precisión extrema. La cápsula alcanzó la atmósfera terrestre a 400.000 pies de altura, desplazándose a 35 veces la velocidad del sonido y a cerca de 1.956 millas del punto de amerizaje. Poco después, quedó envuelta en plasma, lo que provocó un corte planificado de comunicaciones de alrededor de seis minutos.
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Durante ese tramo, la nave enfrentó fricción intensa y temperaturas cercanas a los 2.760 grados Celsius en su parte exterior. Reuters reportó además que el descenso ardiente duró unos 13 minutos, en una prueba directa para el escudo térmico de Orión, uno de los componentes más observados del programa Artemis tras los daños registrados en la misión no tripulada Artemis I en 2022.
La secuencia final se desarrolló según lo previsto. A 23.400 pies se abrieron los paracaídas de frenado para estabilizar la cápsula, y a 5.400 pies se desplegaron los tres paracaídas principales, reduciendo la velocidad a menos de 200 pies por segundo antes del contacto con el agua.
Tras el amerizaje, equipos de la NASA y de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se dirigieron a la nave para iniciar la recuperación de la tripulación. El plan oficial contempla extraer a los astronautas, trasladarlos en helicóptero al buque USS John P. Murtha y someterlos a una primera evaluación médica antes de su regreso a Houston.
Más allá del regreso seguro, la misión dejó varias marcas. AP informó que la tripulación alcanzó una distancia récord de 252.756 millas desde la Tierra, por encima de la marca de Apolo 13, y documentó imágenes del lado oculto de la Luna, además de un eclipse solar total observado desde el espacio cislunar.
Artemis II no aterrizó ni entró en órbita lunar, pero sí cumplió su papel como ensayo general de un viaje tripulado de larga distancia. El objetivo central era validar el comportamiento de la cápsula, sus sistemas de soporte y su capacidad para traer astronautas de vuelta desde una trayectoria lunar, algo que no ocurría desde 1972.
El vuelo también tuvo valor simbólico e internacional. Glover se convirtió en el primer astronauta negro en una misión lunar; Koch, en la primera mujer; y Hansen, en el primer no estadounidense en participar en una expedición de este tipo, un dato que refuerza el perfil multinacional del programa Artemis.
Aunque la travesía presentó fallos menores, entre ellos problemas en válvulas y en el inodoro de la nave, la evaluación preliminar fue positiva. La cápsula cumplió con el tramo más peligroso del regreso y validó, en términos operativos, una pieza esencial del plan de la NASA para volver a la Luna con astronautas en esta década.
El amerizaje de este viernes deja a Artemis II como una misión bisagra entre la era Apolo y la nueva etapa de exploración lunar. Para la NASA, el éxito no solo certifica el regreso de vuelos tripulados al entorno de la Luna, sino que despeja el camino para futuras misiones con metas más ambiciosas sobre la superficie lunar.



